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Tu sitio lento te está costando ventas (y podés medir cuántas)

La velocidad no es una métrica técnica: es plata. Qué medir, qué ignorar y por dónde empezar sin rehacer todo.

"El sitio va lento" es de los reclamos más frecuentes y de los peor definidos. Lento ¿para quién? ¿En qué momento? ¿Comparado con qué?

Sin responder eso, cualquier optimización es a ciegas. Y la mayoría de las veces se termina optimizando lo que es fácil de medir en vez de lo que le duele al usuario.

Lo que el usuario siente

Hay tres momentos que importan, y ninguno es "cuánto pesa la página":

Cuándo ve algo. El tiempo hasta que aparece el contenido principal. Si durante dos segundos hay una pantalla en blanco, no importa lo que pase después: una parte de la gente ya se fue.

Cuándo puede usarlo. Ver no es poder tocar. Un sitio que se muestra rápido pero que ignora los clics durante un segundo se siente peor que uno que tarda un poco más pero responde apenas aparece.

Si le salta el contenido. Ese momento en que vas a tocar un botón y una imagen que cargó tarde empuja todo hacia abajo y terminás tocando otra cosa. Es el que más bronca genera y el más barato de arreglar: casi siempre es reservar el espacio de las imágenes antes de que carguen.

El error de medir desde tu escritorio

Abrís el sitio en tu compu, con fibra, y anda bien. Conclusión: no es lento.

Tus clientes no son vos. Están en el teléfono, con una conexión variable, y a veces con un dispositivo de hace cuatro años. La velocidad hay que medirla en condiciones reales, no en las tuyas.

Y sobre todo: hay que medir el sitio real, con datos de gente real, no sólo en una prueba de laboratorio. Las mediciones sintéticas sirven para encontrar problemas; las de usuarios reales sirven para saber si existen.

Por dónde empezar (en este orden)

Casi siempre el problema no es el framework ni el servidor. Es esto, y en este orden:

  1. Las imágenes. Son el 90% del peso de casi cualquier sitio. Formatos modernos, el tamaño justo para donde se muestran, y carga diferida para lo que está más abajo. Solo esto suele resolver la mitad del problema.
  2. Las fuentes. Una tipografía mal cargada bloquea el texto: la página está ahí pero no se lee. Que el texto se muestre con una fuente de respaldo mientras la definitiva llega es preferible a una pantalla vacía.
  3. Los scripts de terceros. Analítica, chat, píxeles, mapas de calor. Cada uno es código de otro que corre en tu sitio y puede frenarlo. Este es el más incómodo porque cada uno lo pidió alguien, pero es donde más se gana.
  4. Recién ahí, tu código.

Ese orden importa. Es muy común ver equipos optimizando su JavaScript mientras la home carga una imagen de 4 MB.

Cómo lo conectás con plata

Esta es la parte que hace que la discusión deje de ser técnica.

Si tenés analítica, podés cruzar velocidad contra conversión: agrupá las sesiones por qué tan rápido cargó y compará cuánto compró cada grupo. La relación suele ser bastante clara y sirve para justificar la inversión ante quien firma.

También podés ir al revés: mirá las páginas con más tráfico y ordenalas por velocidad. Las que están arriba de tráfico y abajo de velocidad son tu lista de tareas, en orden.

Lo que no hay que hacer

  • Perseguir el puntaje. Un 100 en una herramienta no significa que el sitio se sienta rápido. Optimizá para lo que la gente siente, no para el número.
  • Optimizar sin medir antes. Si no sabés el punto de partida, no vas a saber si sirvió.
  • Optimizar una sola vez. La velocidad se degrada sola: cada feature nueva, cada script que suma marketing. Sin una medición continua, en seis meses volviste al principio.

Este sitio se entrega pre-renderizado por esta misma razón. Si tenés un e-commerce y sospechás que la velocidad te está costando ventas, escribinos y lo medimos.

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